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Andinistas diabéticos subieron al Aconcagua

Se organizaron por Internet hace 2 años

  • Hicieron cumbre tras 12 días de ascensión
  • Controlaron su glucemia hasta siete veces por día
  • No sufrieron problemas de salud y la enfermedad no les impidió llegar a la cima


    El grupo de andinistas, en el momento de hacer cumbre
    Foto: Los Andes

    MENDOZA.- En julio de 1998 se interesaron por un aviso que apareció en Internet y quizá pocos creyeron que dos años y medio después se encontrarían celebrando el éxito de la misión en la cumbre más alta de América. Su voluntad de no sentirse excluidos por ser diabéticos les permitió asumir el desafío extremo de escalar los 6959 metros del cerro Aconcagua. Y lo lograron.

    Los andinistas diabéticos, miembros de la expedición IDEA 2000 (The International Diabetic Expedition to Aconcagua), comenzaron la escalada el 1º del actual y llegaron a la cima 12 días después, por una ruta que combina tramos del peligroso glaciar de los Polacos y caminos normales.

    El grupo estuvo integrado por los norteamericanos Lisa Seaman, Chris Meloche, Greg Ritchie y Bob Manwell, el británico Doug Bursnall, los italianos Marco Peruffo y Vittorio Casiraghi, la canadiense Katherine Brandt-Wells y los españoles Emilio Valdés y Jordi Admetlla. Otro norteamericano, David Panofsky, sufrió un repentino agotamiento que le impidió llegar cuando estaba a pocos metros de la cima.

    De este modo hicieron realidad lo que comenzó como un remoto proyecto que se difundió por Internet entre andinistas diabéticos de todo el mundo. Fue gracias al entusiasmo de los precursores de la idea: el español Ernest Bladé y los norteamericanos David Downs y Todd Clare.

    Todos tenían experiencia en ascensión de montañas de más de 5000 metros, pero nunca habían logrado trepar a un pico de la altura del Aconcagua. Aunque fueron acompañados por el médico español Jordi Admetlla, los expedicionarios se esmeraron en lograr una adecuada adaptación porque las consecuencias de un eventual mal agudo de altura (insuficiente oxigenación en la sangre por la altitud) puede potenciarse en los pacientes diabéticos.

    Caminaron a razón de seis horas por día y nunca abandonaron la disciplina de pincharse los dedos hasta siete veces diarias para realizarse controles de glucemia con el fin de que Admetlla pudiera llevar un registro de la adaptación a la altura.

    Fue así como comprobaron que algunos pacientes sufrían una transitoria descompensación entre los niveles de insulina y azúcar como consecuencia de un retraso en el proceso digestivo propio de la altura.

    Para el doctor Admetlla, la ascención al Aconcagua sirvió para "empezar a romper el mito de la diabetes, porque es una enfermedad que se presenta como una carga".

    Sergio Dimaría

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